
A bordo del Mazda MX-5: es incómodo, es pequeño, es ruidoso, es encantador, es único, es genial
Viajo a 120 km/h por una autopista pero entre el ruido, el ligero dolor de cabeza y lo pegado que voy al suelo, siento ir más deprisa. No necesito ir más deprisa, estamos bien como estamos. Queda poco para llegar. Apenas unos kilómetros para tomar el desvío a la derecha y apartarnos un momento en el primer pueblo de la sierra madrileña que se nos presenta.
Es verano. Todavía. No ha caído el sol del todo pero ya han hecho su aparición esos días de declive estival. De tardes algo perezosas. Días en los que la puesta de sol parece haberse comido un cuarto de hora al día anterior. De agradable fresco después de un agosto verdaderamente infernal.
Por eso me paro a un lado y dejo apretado el botón de la consola central. Me desperezo como se despereza este Mazda MX-5 cuando aparta su techo retráctil. Lo hace en segundos pero sin prisa. No hay prisa. Ninguna.
Un presente que sabe a pasado
Es exactamente eso lo que Mazda tenía en mente cuando al filo de los años 90 presentó su Mazda MX-5. Su Miata.
Los años 80 se caracterizaron por una evolución salvaje entre los deportivos. Los turbo pusieron patas arriba el mercado con opciones irracionales por aquel entonces. Pequeños misiles como los Peugeot 205 o los Renault 5 de turno. Al final de los años 80 ya se vislumbraba la hegemonía de los deportivos japoneses. A principios de los 90, los nipones tenían entre manos auténticos superdeportivos.
Al mismo tiempo, una pequeña compañía hacía lo que mejor se le ha dado: ir a su aire. En plena carrera por la potencia y la tracción total, Mazda ponía sobre la mesa un pequeño descapotable que retomara la filosofía de los de roadster ingleses con la fiabilidad japonesa. No era, ni mucho menos, el más rápido. Tampoco quería serlo.
Su filosofía era la misma que hoy en día. Y aunque la unidad probada sí tiene un claro enfoque más agresivo, en esencia sigue siendo un coche sostenido por unos pilares básicos y sólidos: ligereza y precio bajo.
Más de 35 años después de su primera presentación, los pilares se sostienen. ¿Es un coche de 35.000-40.000 euros un coche caro? Lamentablemente, si quieres una alternativa al Mazda MX-5 no existe. Es el último de su especie. Busca un descapotable, manual y de tracción trasera. Tengo tiempo y conozco la respuesta. Lo más parecido es un Mini Cabrio pero pesa 300 kg más y tiene cambio automático. Ah, y es tracción delantera.
El Miata viene directamente desde el pasado y amenaza con quedarse allí. Sus 142 gr/km de CO2 parecen un atentado ambiental si tenemos en cuenta que el objetivo de Europa es situarse por debajo de 93,6 gr/km de CO2 en la media de emisiones para 2027. Si Mazda no quiere recibir multas, muchos eléctricos tiene que vender (el recuento con los híbridos enchufables ya no es tan favorable). Eso o unirse a quienes apuntan a las cero emisiones.
Con un horizonte a elegir entre eléctrico o multas milmillonarias, el Mazda MX-5 es un coche en peligro en extinción. Porque su fórmula es cosa del pasado. Hemos llegado a un punto donde el coche pequeño, ligero y disfrutable parece no existir. El eléctrico arrasa con el formato ligero. No digamos con el placer de pisar embrague, mover la palanca de cambios y levantar el pie izquierdo al ritmo que avanza el derecho.
Sabe a pasado. Veremos si no queda allí.
No hay prisa
El MX-5 es particular.
Desde luego, no es rápido. La unidad que tenemos entre manos llega con un motor gasolina 1.5 de 132 CV y cambio manual. En un mercado que se ha llenado de motores impulsados por chorros desmedidos de potencia (por no hablar de las versiones eléctricas), esos 132 CV podrían parecer ridículos.
Y lo serán para quienes busquen cruzar el coche o ir con el cuchillo entre los dientes. Pero es que ese no es el enfoque del Miata. El MX-5 nació para ser disfrutado con tranquilidad. Es la comida en un buen restaurante donde todo llega a su debido tiempo. Muy lejos del atracón de hamburguesa y patatas fritas devorado en 15 minutos. Ojo, lo segundo nos puede dar un pico de felicidad más alto, lo primero se sostiene en el tiempo.
Disfrutas viendo cómo la curva se acerca, reduces una o dos marchas y pisas el acelerador a la salida para estirar al máximo un motor atmosférico de esos que ya no quedan. Sin el empujón del turbo, disfrutar viendo cómo la aguja sobrepasa la posición de las 6.000 rpm con una linealidad placentera.
Pero la mejor cualidad del pequeño juguete de Mazda es engañarte. Frenas, juegas con el cambio y diriges el coche allí donde quieres sintiendo que vas rápido. Nada más lejos de la realidad. El ruido de ir descapotado, conducir desde el suelo y un asilamiento mínimo son sus mentiras piadosas. No, no circulas rápido, sólo lo parece.
No necesitas buenas manos para disfrutar con ganas del roadster nipón y eso es una delicia para quienes buscan un coche para disfrutable el fin de semana y, si sus circunstancias o familia lo permiten, mantenerlo como coche de diario. Porque ese enfoque alejado de los radicalismos hace que el MX-5 pueda llegar a venderse como coche para el día a día.
Sobre todo para disfrutar sin reparos en los trayectos más anodinos, al tiempo que un fin de semana te permites salir sin el remordimiento de estar desaprovechando una máquina a la que se le sacaría mucho más partido en un circuito. Es algo que te puede suceder con cualquiera de los compactos más deportivos en estos momentos. Prácticos en el día a día pero misiles difíciles de gobernar el fin de semana.
Pienso en esto mientras el coche vuelve a apoyarse y cambia el reparto de pesos con suavidad, al tiempo que enlazo curvas. Freno un poco y dejo pasar a un coche que viene en sentido contrario. Un SUV como otro cualquiera de los que tanto se venden en nuestro país. Ahora sí tengo, verdaderamente, la sensación de viajar a bordo de un juguete. Mi cabeza se sitúa a la altura de sus luces delanteras.
No quiero pensar qué pasaría en caso de accidente. Se me olvida rápidamente en la travesía de la siguiente localidad. Apenas quedan unos ancianos en la puerta de casa. Sonríen al ver pasar el coche. Quizás por el coche, quizás por mi sonrisa.
Toca volver a casa, salir a la aburrida autopista y plegar el techo.
Mañana es día de luto.
Mañana toca devolver el coche.
Fotos | Xataka
En Xataka | El coche eléctrico amenaza de muerte a un clásico de la mitología automovilística: el deportivo ligero
–
La noticia
A bordo del Mazda MX-5: es incómodo, es pequeño, es ruidoso, es encantador, es único, es genial
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Alberto de la Torre
.